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La magia del cine a las puertas del Sáhara

Considerada como la entrada al desierto, próxima a la coordillera del Atlas, Ouarzazate se ha revelado como una de las ciudades más glamurosas de Marruecos gracias a sus estudios cinematrográficos, entre los que se encuentran los ‘Atlas Studios’, unos de los más grandes del mundo.

Por las Kasbahs (ciudades fortificadas) cercanas a Ouarzazate pasaron personajes de la talla de Rusell Crowe en la piel de un gladiador de la antigua Roma, los protagonistas de La Momia  y también los personajes de Rene Goscinny en Asterix y Cleopatra. Y es que esta zona de Marruecos es verdaderamente de película.

Para llegar allí desde Marrakech, la ciudad destacada más próxima a los estudios (algo más de 150 km. separa ambas urbes), hay que recorrer un sinuoso trayecto por carretera por la cual se atraviesa parte de la coordillera de los Atlas. Desde el cemento, a los pies del viajero surge un paisaje árido y pedregoso donde cada árbol, con su correspondiente sombra, es un regalo de la naturaleza. A cada curva, cuando parece que en ese paisaje nadie puede sobrevivir por mucho tiempo, aparecen vendedores ambulantes que buscan algunas monedas a cambio de rocas, collares o pequeñas vasijas. Es en esos momentos cuando surgen casi como un espejismo las majestuosas Kasbahs de piedra y barro como la de Ait Ben Haddou (en la fotografía), por donde paseó el mismo Lawrence de Arabia y que ha sido nombrada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Al final del camino, el Hollywood de África. Ourzazate no es muy grande, pero allí están los famosos estudios de cine que el visitante podrá recorrer. Un viaje por la historia del cine a las puertas del omnipresente Sáhara.

Fuentes complementarias: http://www.disfrutamarrakech.com/ouarzazate
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Marruecos: el país donde el tiempo se detiene

Ante el conflicto que esta semana ha ocupado las portadas de los principales medios de comunicación entre Marruecos y el Sahara Occidental, en el cual las fuerzas marroquíes han arrasado el campamento de El Aaiún vetando el acceso de la prensa en la zona, desde viajandoalrededordelmundo vamos a viajar hasta el país árabe para descubrir las ciudades principales de nuestro vecino del sur, con la peculiaridad de que la visita está marcada por el mes de ayuno o Ramadán. Las paradas de nuestro viaje serán Marrakech, Casablanca, Rabat, Meknes y Fez.

 

http://www.clubdeviajes.org/mapas/marruecos/mapa-de-marruecos.html

Marrakech suele estar incluida como una de esas ciudades que hay que visitar antes de morirse. Nada más aterrizar en el aeropuerto de Menara, muy próximo a la ciudad, sorprende la calma que allí se respira. Por norma general, Marruecos es un país ruidoso y ajetreado a la caída del sol, pero a las horas de más calor los ciudadanos se refugian en sus hogares o permanecen a la sombra que otorgan las estrechas callejuelas de la medina. En Marrakech, una ciudad pequeña por lo que se puede recorrer andando, confluye lo antiguo y lo moderno. El contraste proporcionado por el centro de la ciudad donde se puede visitar la ya mencionada medina, la famosa plaza de Yamaa-el-Fna (de la que luego hablaremos) o la mezquita de Koutoubia en oposición a las nuevas, anchas y largas avenidas de Mohammed V y Mohammed VI (donde se sitúan muchos de los grandes hoteles de la ciudad y la estación de Marrakech) o la moderna plaza del 16 de noviembre donde se encuentran tiendas internacionales o cadenas de comida rápida. Estas zonas modernas congregan gran parte de la vida nocturna de la ciudad, sobretodo para la gente joven o las familias marroquíes.

Para el turista, el mayor atractivo reside en todo lo que rodea el zoco. La plaza de Yamaa-el-Fna es el punto de partida, el corazón de la ciudad. Siempre llena de puestos de comida y de venta de naranjas, en la plaza encontrarás domadores de serpientes, de monos, músicos y espectáculos variados. Más especial es durante la noche, cuando Yamaa-el-Fna se recubre de un manto mágico que, alumbrada solo por las pequeñas lámparas de cada tenderete y por las hogueras de los faquires, lo convierte en un lugar dominado por la música y la diversión, ajeno a la tristeza. El ajetreo es continuo aquí durante todo el día y es fácil distraerse mirando los variados puestos en los que se ofrece desde comida hasta camisetas o teteras. Además la plaza cuenta con restaurantes con balcones desde los que se puede gozar de una buena panorámica.
A medida que dejas atrás la plaza y te adentras en el zoco, las calles se van estrechando y los comercios árabes multiplicándose. Hay que tener cuidado con este laberíntico espacio ya que es sumamente fácil perderse entre las callejuelas, despistado por los vendedores que una y otra vez reclaman tu atención hacia sus productos. El zoco es un lugar para dejarse impregnar por las fragancias de las esencias marroquíes, cautivar por los intensos colores que adornan los tenderetes. Recorrida sin prisas, este es un paseo imprescindible para todo aquel que visite Marrakech (y más aún para los amantes de las compras y del regateo) aunque no es un lugar recomendable para aquellos que se agobian fácilmente. La aglomeración de gente, el no saber cómo salir y la cantidad de motos y bicicletas que pasan continuamente por las angostas callejuelas pueden pasar una mala jugada a más de uno.
Fuera de este lugar, en donde se reflejan los latidos de la ciudad y que permite una experiencia única que no se da en los países europeos (salvando las grandes distancias, se podría asemejar a los mercadillos que se colocan los fines de semana en muchas ciudades españolas), Marrakech también ofrece unos pocos monumentos que hay que conocer.
La ya mencionada mezquita de Koutoubia se encuentra cerca de Yamaa-el-Fna. Fechada en el siglo XII es la más grande de la ciudad y su minarete tiene una altura de 69 metros marcando el punto más alto de todo Marrakech. La entrada está prohibida a los no musulmanes así que los extranjeros deben conformarse con apreciarla desde fuera.
El palacio Bahía es otra de las construcciones monumentales de la ciudad. A pesar de estar construido en el siglo XIX recordando el estilo andalusí merece la pena su visita. El agua y la vegetación están muy presentes en este palacio que el visir Si Ahmed ben Moussa mandó construir en honor a su mujer favorita. La última de las visitas la destinaremos a las ruinas del palacio Badi desde donde se pueden contemplar unas vistas aéreas de la ciudad (no destaca por la altura de sus edificios, la mayoría son casas bajas y solo los minaretes de las mezquitas sobresalen del skyline que presenta Marrakech)

Antes de abandonar este enclave africano, Marrakech cuenta con numerosos parques y jardines. Caracterizados por el uso de la vegetación para dar sombra y del agua para refrescar el ambiente, los jardines de Menara llenos de olivos son los más populares de la ciudad. Situados en la zona moderna, desde aquí se pueden apreciar unas buenas vistas de las montañas de la cordillera del Atlas (especialmente en invierno, con las cumbres nevadas.)

Nos marchamos de Marrakech (lo podemos hacer por tren o por avión) y llegamos a Casablanca, la capital económica del país que cuenta con cerca de 4 millones de habitantes. Esta ciudad resulta una desagradable sorpresa para el visitante. Calles muy sucias, asfaltos levantados, muy ruidosa… bastante fea. De este núcleo costero, pero que ni siquiera tiene un agradable paseo marítimo, solo destacamos la mezquita de Hassan II. Se acaban los calificativos para describir esta magnánima obra de ingeniería moderna realizada entre 1986 y 1993 por orden del que fue rey marroquí hasta 1999. La mezquita es la segunda más grande del mundo, por detrás solo de la Meca, y proyecta unos láseres desde su minarete de 200 metros de alto que son vistos en varios kilómetros a la redonda. El edificio puede albergar hasta 25.000 fieles y en la sala de oraciones corre el agua por unas acequias esculpidas en mármol hasta las numerosas fuentes que allí se encuentran. En la zona subterránea el templo cuenta con varias piscinas y baños en teoría realizados para las abluciones previas al rezo, pero que no se utilizan. Para completar esta gran construcción, el techo de la cúpula se desplaza gracias a un mecanismo permitiendo la penetración de los rayos de sol o unas vistas excepcionales del cielo estrellado. La situación de la mezquita también es excepcional ya que el rey Hassan II mandó construir el edificio en el mar, creando una pequeña península artificial. El patio de la mezquita puede albergar hasta 90.000 creyentes más. Este es un edificio espectacular, símbolo de la ciudad y del país, pero tristemente parece que todo el dinero destinado para la ciudad de Casablanca se hubiese gastado en la construcción y mantenimiento del templo (en teoría una parte del capital necesario procedió de las ayudas voluntarias de la población.)
La ventaja de Casablanca es que cuenta con unas estaciones de trenes muy bien conectadas con el resto del país. Desde aquí podemos viajar a Rabat, Meknes o Fez, las otras ciudades imperiales junto con Marrakech, que se pueden visitar en un día. El tren marroquí sorprende por su eficacia y calidad. Quien espere vagones destartalados y retrasos de horas se llevará una alegría ya que la ONCF (como la RENFE española) cuenta con aparatos rápidos, nuevos, limpios y puntuales a un precio razonable (por ejemplo, en 2009 un billete de ida entre Casablanca y Rabat a 130 Dirhams = unos 12 €).

Precisamente el primer trayecto que tomaremos será rumbo a la capital del país. Rabat se encuentra a menos de 100 Km de Casablanca por lo que resulta el viaje más corto de todos los que vamos a realizar. La principal ciudad marroquí es la que más se asemeja a la idea de ciudad que tenemos en Europa. Un agradable lugar en el que se puede visitar el mausoleo de Mohammed V, la torre de Hassan y el Palacio Real entre otros monumentos. Existe zona de playa (sorprende ver como hay un cementerio instalado muy próximo al mar, donde aquí en España habría un hotel o unos apartamentos) habilitada para el baño. El paseo por las avenidas y parques, así como la visita a la medina, es una de las opciones de esta excursión. Pero desde aquí recomendamos encarecidamente la visita al Alcazaba (también llamada Kasbah de Oudaias) donde se siente más nítidamente la influencia del mar. Las casas pintadas de azul y blanco recuerdan al mediterráneo, mientras que las vistas del océano Atlántico son únicas desde esta parte de la ciudad. Las murallas y puertas grabadas nos recuerdan que estamos en África.

Las ciudades de Meknes y Fez presentan una imagen similar. Ambas antiguas capitales del reino, conservan vestigios de sus respectivas épocas doradas como los palacios, puertas y murallas. De Meknes destacamos su medina, al estilo de Marrakech, y la plaza principal de El-Hdim. En Fez lo más curioso de ver, aparte de la medina declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO, es el lugar donde tiñen el cuero curtido.

Esto es lo principal del país, pero si se dispone de más días el viajero podrá realizar otras excursiones para conocer el territorio de forma más exacta. El viaje hasta Ouarzazate, una pequeña población situada más allá del medio Atlas que se considera la puerta al desierto y cuenta con varios estudios de cine, nos descubrirá alguna de las Kasbahs, o ciudades-fortalezas, en donde se rodaron películas como Gladiator, el Reino de los Cielos o Lawrence de Arabia entre otras.

El viaje a Marruecos depara momentos únicos que nunca se olvidarán. Merece la pena conocer la mentalidad que tienen en nuestro país vecino. Enseñanzas como “las prisas matan” eran repetidas una y otra vez en las calles marroquíes. Así como en lo referente a las apariencias: detrás de fachadas desvencijadas o puertuchas cutres podemos encontrar verdaderos paraísos privados donde el agua y el verde cobran protagonismo. Todo ello para no generar envidias a sus vecinos, y evitar así maldiciones. Los marroquíes son muy supersticiosos, hasta el punto de eliminar la fila 13 en los aviones de Royal Air Maroco o suprimir las habitaciones con este número. Referente al papel de la mujer, debemos señalar que la mentalidad allí está cambiando. No es extraño ver mujeres vestidas con prendas occidentales, vaqueros o camisetas ajustadas. La poligamia no tiene efectos prácticos allí y el Código Civil de 1994 otorgó una serie de ventajas a las mujeres. Lejos de los niveles de igualdad que existen en los países más avanzados en cuanto a derechos sociales, Marruecos intenta poco a poco otorgar la dignidad que merecen sus ciudadanas.

Como señalamos al principio, la semblanza de este viaje está realizada durante el mes del Ramadán. Esto depara situaciones incluso surrealistas, aparte de la dificultad para encontrar un sitio para comer abierto durante el día. Para situarnos, es importante señalar que el ayuno durante este mes empieza a las 4.30 horas y acaba a las 19.30, afecta a todos los musulmanes (salvo a los niños) y durante este tiempo no se puede comer ni tampoco beber nada. Es increíble comprobar como, con el toque de la bocina que marca el fin del ayuno diario, las ciudades se quedan literalmente vacías. Ni coches en movimiento, ni gente, ni nada. Los tenderetes de las medinas se cierran, se pueden escuchar los pasos de los escasos turistas (salvo Marrakech, el resto de ciudades no cuentan con aglomeraciones de visitantes) caminando por las desoladas calles. Media hora después las ciudades retoman su habitual banda sonora de claxon de coches y ajetreo de las personas cargando con mercancía.

Marruecos es trasladarse a la puerta que da acceso al mundo árabe, influenciada por la cercanía a Europa y por las costumbres africanas de más allá del Sahara.

Información útil

Idioma: árabe, también francés
Moneda: Dirham (1 € = 11 Dh)
Embajada de España en Rabat
Fronteras: España, Argelia y Sahara Occidental