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Rusia: la maravilla de los zares

¿Queréis conocer el país más grande del mundo? En Viajando alrededor del mundo os vamos a acercar hasta la zona europea de Rusia, donde se encuentran sus dos ciudades más importantes: San Petersburgo y Moscú.

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A pesar de lo que muchos pueden pensar, de la mala publicidad que tuvo la Unión Soviética en el mundo occidental, de la hipotética situación algo precaria del país, la realidad es que estas dos ciudades europeas no tienen nada que envidiar a las grandes capitales continentales. Las urbes de San Petersburgo y Moscú ofrecen multitud de alternativas para el visitante así como interesantes opciones culturales entre las que se encuentra uno de los principales museos de Europa o descubrir la opulencia de los zares.

A 3.200 kilómetros de Madrid, San Petersburgo se erige como cuna de los antiguos reyes rusos. A las orillas del golfo de Finlandia, esta ciudad rusa está marcada por el río Neva, de escasa longitud aunque el tercero de Europa en cuanto a caudal. La ciudad cuenta con muchos puentes para atravesar el caudal, algunos de ellos levadizos que permiten el paso de los barcos durante algunas horas de la noche impidiendo que los peatones crucen de un lado a otro. Cuentan que algunos maridos aprovechan esta situación como excusa para llegar tarde a sus casas, tras visitar los bares o irse con otras mujeres en la parte opuesta de la ciudad. Aparte de estas historias, resulta atractivo ver como se levantan lentamente estas obras de ingeniería moderna, una escena de belleza mecánica.
Aparte de los puentes, San Petersburgo es la ciudad de los zares por antonomasia. Fundada por Pedro I el grande en 1703, arrebatada a los suecos, la urbe ha sido una pieza clave en el devenir de la historia de Rusia e incluso de la Historia del mundo. Considerada como una “ventana a Europa”, la intención de su fundador era ofrecer una salida al mar para el imperio ruso. De esta forma San Petersburgo se convirtió en la capital de los zares hasta el siglo XX, cuando de la mano de la revolución comunista volvió a ser Moscú la ciudad principal. Fue en San Petersburgo donde comenzaron las primeras revueltas que luego desembocarían en el derrocamiento (y muerte) del Zar Nicolás II y la instauración del gobierno bolchevique con Lenin al frente. Durante la II Guerra Mundial (1939-1945) en esta zona tuvo lugar la cruenta batalla de Leningrado que marcó el principio del fin de Adolf Hitler. El nombre de la ciudad ha cambiado en más de una ocasión. Durante la I Guerra Mundial (1914-1917, para los rusos) San Petersburgo (la ciudad de San Pedro, en alemán) pasó a denominarse Petrogrado ya que Rusia luchaba contra los germanos, y les parecía ofensivo que la ciudad tuviese una denominación alemana. La ciudad tomó el nombre de Lenin a su muerte, en 1924, y se mantuvo hasta la caída de la Unión Soviética (1991) cuando los habitantes fueron sometidos a un referéndum sobre su ciudad. El 56% de ellos votaron a favor de retomar el nombre original de San Petersburgo, aunque la región se mantuvo como Leningrado.

En San Petersburgo el peso de la historia es evidente. La ciudad, articulada a través de la avenida Nevsky, cuenta con un referente cultural de excepción: el museo Hermitage. Cuenta con un complejo de varios edificios en el que destaca el Palacio de Invierno, antigua residencia de los zares situada a la orilla del río, donde nos encontramos con el grueso de una de las pinacotecas más importantes a escala mundial. Junto al museo, la plaza del Palacio y su gran columna de Alejandro nos da la bienvenida a una ciudad eterna. Después de recorrer por tierra el museo y sus alrededores, una alternativa es embarcarse en un pequeño bote y así apreciar desde las aguas el esplendor del conjunto arquitectónico compuesto por el mencionado Palacio de Invierno, los edificios del Pequeño y Gran Hermitage y el teatro.

En la siguiente visita que vamos a realizar conoceremos el lugar de origen de la ciudad. La fortaleza de Pedro y Pablo fue establecida por Pedro I con forma hexagonal. Dentro alberga la catedral homónima donde nos encontramos las tumbas de los zares desde el propio Pedro hasta el último, Nicolás II, que fue asesinado durante las revueltas bolcheviques. Tras conocer este fortín situado en la isla de Zayachi, nuestros pies deben encaminarse a la Catedral de San Isaac, la más majestuosa de la ciudad. Cruzando el puente Dvortsovy y adentrándonos unos metros hacia el dentro nos hallaremos en la plaza Isaackievskaya donde tendremos una panorámica de la cúpula dorada que culmina los techos de la casa de Dios. La catedral fue construida en el siglo XIX y desde su parte más alta se puede observar una privilegiada vista de San Petersburgo.

Otro de los templos más admirados de la “Venecia del norte”, uno de los sobrenombres de la ciudad rusa, es la Iglesia de Salvador sobre la Sangre Derramada. A muchos les recordará la famosa imagen del no menos famoso videojuego del Tetris (de hecho, inventado por un ruso en la década de los ochenta). Esta original iglesia fue levantada en conmemoración del asesinato del Zar Alejandro II en 1881, siendo las obras finalizadas a principios del siglo XX. Si por fuera impresiona gracias a sus extrañas cúpulas con forma de cebolla, las torres nada comunes en España y su situación en la orilla de un canal, en el interior guarda un gran tesoro: las paredes y los techos están decorados con bellos mosaicos de pequeñas piedras semipreciosas.
Un monumento que ningún visitante debe perderse es la catedral de Kazán, realizado a semejanza del Vaticano católico. Para completar el tour os sugerimos un paseo en barco por el río Neva (siempre y cuando no esté helado), acudir a la isla Vasilevski que goza de unas vistas magníficas del golfo de Finlandia, adentrarse en el acorazado Aurora (a su señal se produjo el asalto al Palacio de Invierno en 1917 por parte de los soviets)  donde ahora se encuentra un museo, apreciar algo del folclore y ballet ruso o acudir a alguno de los palacios zaristas que se encuentran a las afueras de la ciudad –en Pushkin- como por ejemplo el palacio de Pavlosky con sus inmensos jardines o el Palacio de Catalina  – en ambos casos se tratan de residencias veraniegas de los zares, siendo la segunda sea más bella que la primera-.

Con esto damos por finalizada nuestra visita a San Petersburgo. Para trasladarse hasta la capital existen dos formas de cubrir los 650 kilómetros que separan las dos ciudades: en avión o en tren. Si bien el avión es más cómodo, también es más caro y el tiempo que se gana en el trayecto se pierde en colas de embarque, facturación y recogida de equipaje. El tren ofrece dos alternativas: viajar de día, alrededor de cuatro horas de trayecto,  o hacerlo durante toda la noche en trenes con vagones-dormitorios para dos o cuatro personas.

Llegamos a Moscú, la capital de Rusia. El principal punto de interés en esta gran ciudad (tanto de extensión como de población, cuenta con más de diez millones de habitantes) es el Kremlin. Como ya dijimos de San Petersburgo, la ciudad moscovita es una gran urbe moderna, segura y admirable. Nombrada en varias ocasiones como la ciudad más cara del mundo, sorprende adentrarse en uno de los principales centros comerciales y ver como el precio de la ropa se escapa de los bolsillos del común de los mortales. La ciudad está organizada en anillos concéntricos facilitando la orientación.

 

Para visitar Moscú hay que estar preparado para caminar, y disfrutar de lo que vas viendo allí. En verano no hay que temer por el frío (dependiendo del año, es posible ir en manga corta o necesitar una chaqueta) por lo que el viaje resulta agradable. Empezaremos con la visita al Kremlin, corazón de la ciudad. La fortaleza amurallada guarda en su interior varios edificios religiosos y políticos. El origen de esta construcción data de siglo XII cuando el tamaño de Moscú apenas era una parte de lo que hoy es el Kremlin. Con el paso de los años y de los ataques de tártaros o mongoles, las murallas se fueron reforzando: pasaron de ser de roble a ser de piedra blanca, para finalmente acabar construidas con ladrillos rojos en el siglo XV. Desde entonces la fortificación cuenta con veinte torres, de las cuales cuatro son puntos de acceso al recinto. Durante la época comunista algunas de las torres más altas fueron coronadas con unas estrellas de rubí.
Dentro del Kremlin nos encontramos con edificios de distintas épocas. El más moderno, el Palacio de los Congresos, fue erigido en 1961 y en su interior alberga conciertos y salas para recepciones y conferencias. El edificio más emblemático es la catedral de la Asunción (s.XV), de piedra blanca, donde se coronaban los antiguos zares rusos. Junto a ella nos encontramos la  catedral de la Anunciación y la de San Miguel Arcángel, la iglesia del Manto de la Virgen y el campanario de Iván el Grande. En cuanto a los edificios administrativos destaca el palacio del Senado, el Arsenal y el majestuoso Gran Palacio del Kremlin, residencia del primer ministro ruso.

Existen dos objetos dentro de la espléndida fortificación que nadie debe perderse: el Cañón del zar y la Campana zarina, dos muestras de la magnitud del poder zarista. Ambas piezas fundidas en bronce presentan un tamaño descomunal. Nos encontramos ante la campana más grande del mundo (nunca se utilizó) aunque está resquebrajada a causa de un incendio. El cañón tampoco disparó jamás.

Del centro de poder político pasamos a un lugar con importancia militar, religiosa y propagandística, ya que allí se celebraban (y celebran) los grandes desfiles del ejército soviético. Como habréis adivinado, hablamos de la Plaza Roja. Situada a lo largo del muro este del Kremlin, con una extensión de 695 metros de largo por 130 de ancho, la adoquinada plaza está flanqueada por el mausoleo de Lenin, el museo de Historia (construido en el siglo XIX) y el edifico de los Grandes Almacenes Estatales (un centro comercial que cuenta con alguna de las marcas más prestigiosas). Hay que destacar también la puerta de la Resurrección en uno de los extremos de la zona. Al contemplar la inmensa plaza uno puede sentir la Historia, trasladarse a los años soviéticos, o más atrás incluso, hasta el siglo XVI que es cuando Iván el Terrible mandó construir la Catedral de San Basilio. Probablemente el Zar ruso no se imaginó que el edificio levantado sería el símbolo del país más grande del mundo incluso cinco siglos después (según la leyenda, mandó cegar a sus arquitectos para que no fuesen capaces de construir algo más bello). San Basilio es a Rusia lo que la Tour Eiffel a Francia, o el Coliseo para Italia. Sus características cúpulas y las formas geométricas (semejantes al templo que hay en San Petersburgo) desprenden una belleza y serenidad inimaginable hasta que no te encuentras a sus pies. Por dentro la catedral es aún más sorprendente ya que tiene diez modestas capillas repartidas a lo largo de sinuosos pasillos.
Antes de abandonar esta zona conviene visitar el monumento al soldado desconocido que se sitúa en los jardines de Alejandro, a los pies de las murallas del Kremlin

Nos alejamos un poco del epicentro para conocer la calle Arbat, una de las vías más animadas en la que se pueden comprar los típicos souvenirs o descansar en alguno de los cafés. En la plaza Arbat se encuentra la entrada a la galería de arte ruso Tretiakov, para aquellos amantes de la pintura.

Para ir terminando esta pequeña guía de viaje os recomendamos dos visitas imprescindibles: el metro, y la vista de los rascacielos de Stalin.
Los edificios, mandados construir por el dictador comunista Joseph Stalin, marcan el skyline del centro de Moscú (ahora se han construido edificios mucho más altos en la zona destinada a los negocios, lejos del centro). Hasta siete edificios que mezclan el estilo gótico y barroco ruso coronados por una aguja brillante con la estrella de cinco puntas, que en la actualidad destinados a diferentes usos entre los que destacan dos hoteles, el Ministerio de Asuntos Exteriores y la Universidad.
Por su parte, la visita al metro de Moscú prenderá a todo aquel turista despistado. Estamos ante una de las vías subterráneas más sorprendentes de todo el mundo, inaugurada en 1935 y que cuenta con más de un ciento cincuenta estaciones. Muchas de estas paradas están adornadas con mármoles, mosaicos, estatuas, arcos y vitrinas. Esto se debe a que la cúpula comunista quiso recrear la opulencia de los palacios para que todo el pueblo de Moscú pudiese disfrutarlo.

En Moscú, como en cualquiera de las grandes ciudades mundiales, los centros culturales, monumentos y sitios de interés se cuentan por decenas. Desde Viajando alrededor del mundo os hemos descrito las principales visitas (habría que incluir la Catedral de Cristo Salvador de Moscú, un paseo por el río Moscova, el museo Pushkin o el famoso teatro Bolshoi), pero la inmensa capital de Rusia hay que descubrirla paso a paso, calle a calle. Para aquellos que viajen muchos días, otra alternativa es visitar el “anillo de oro”, los pueblos situados cerca de Moscú que ofrecen mucho arte eclesiástico y construcciones de madera.

Rusia es un país por descubrir, merece la pena conocer sus lugares y sus gentes. Un Estado moderno que, tras la caída de la Unión Soviética, ha sabido adaptarse y entrar con muy buen pie en el siglo XXI. Aún así se pueden observar residuos del pasado que confieren una atmósfera más especial a la visita. Un viaje que quedará para siempre en vuestra memoria y que dejará anécdotas curiosas e impactantes.

 

Información útil

 

Fuentes: elaboración propia, sanpetersburgo.com, viajeros.com
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Marruecos: el país donde el tiempo se detiene

Ante el conflicto que esta semana ha ocupado las portadas de los principales medios de comunicación entre Marruecos y el Sahara Occidental, en el cual las fuerzas marroquíes han arrasado el campamento de El Aaiún vetando el acceso de la prensa en la zona, desde viajandoalrededordelmundo vamos a viajar hasta el país árabe para descubrir las ciudades principales de nuestro vecino del sur, con la peculiaridad de que la visita está marcada por el mes de ayuno o Ramadán. Las paradas de nuestro viaje serán Marrakech, Casablanca, Rabat, Meknes y Fez.

 

http://www.clubdeviajes.org/mapas/marruecos/mapa-de-marruecos.html

Marrakech suele estar incluida como una de esas ciudades que hay que visitar antes de morirse. Nada más aterrizar en el aeropuerto de Menara, muy próximo a la ciudad, sorprende la calma que allí se respira. Por norma general, Marruecos es un país ruidoso y ajetreado a la caída del sol, pero a las horas de más calor los ciudadanos se refugian en sus hogares o permanecen a la sombra que otorgan las estrechas callejuelas de la medina. En Marrakech, una ciudad pequeña por lo que se puede recorrer andando, confluye lo antiguo y lo moderno. El contraste proporcionado por el centro de la ciudad donde se puede visitar la ya mencionada medina, la famosa plaza de Yamaa-el-Fna (de la que luego hablaremos) o la mezquita de Koutoubia en oposición a las nuevas, anchas y largas avenidas de Mohammed V y Mohammed VI (donde se sitúan muchos de los grandes hoteles de la ciudad y la estación de Marrakech) o la moderna plaza del 16 de noviembre donde se encuentran tiendas internacionales o cadenas de comida rápida. Estas zonas modernas congregan gran parte de la vida nocturna de la ciudad, sobretodo para la gente joven o las familias marroquíes.

Para el turista, el mayor atractivo reside en todo lo que rodea el zoco. La plaza de Yamaa-el-Fna es el punto de partida, el corazón de la ciudad. Siempre llena de puestos de comida y de venta de naranjas, en la plaza encontrarás domadores de serpientes, de monos, músicos y espectáculos variados. Más especial es durante la noche, cuando Yamaa-el-Fna se recubre de un manto mágico que, alumbrada solo por las pequeñas lámparas de cada tenderete y por las hogueras de los faquires, lo convierte en un lugar dominado por la música y la diversión, ajeno a la tristeza. El ajetreo es continuo aquí durante todo el día y es fácil distraerse mirando los variados puestos en los que se ofrece desde comida hasta camisetas o teteras. Además la plaza cuenta con restaurantes con balcones desde los que se puede gozar de una buena panorámica.
A medida que dejas atrás la plaza y te adentras en el zoco, las calles se van estrechando y los comercios árabes multiplicándose. Hay que tener cuidado con este laberíntico espacio ya que es sumamente fácil perderse entre las callejuelas, despistado por los vendedores que una y otra vez reclaman tu atención hacia sus productos. El zoco es un lugar para dejarse impregnar por las fragancias de las esencias marroquíes, cautivar por los intensos colores que adornan los tenderetes. Recorrida sin prisas, este es un paseo imprescindible para todo aquel que visite Marrakech (y más aún para los amantes de las compras y del regateo) aunque no es un lugar recomendable para aquellos que se agobian fácilmente. La aglomeración de gente, el no saber cómo salir y la cantidad de motos y bicicletas que pasan continuamente por las angostas callejuelas pueden pasar una mala jugada a más de uno.
Fuera de este lugar, en donde se reflejan los latidos de la ciudad y que permite una experiencia única que no se da en los países europeos (salvando las grandes distancias, se podría asemejar a los mercadillos que se colocan los fines de semana en muchas ciudades españolas), Marrakech también ofrece unos pocos monumentos que hay que conocer.
La ya mencionada mezquita de Koutoubia se encuentra cerca de Yamaa-el-Fna. Fechada en el siglo XII es la más grande de la ciudad y su minarete tiene una altura de 69 metros marcando el punto más alto de todo Marrakech. La entrada está prohibida a los no musulmanes así que los extranjeros deben conformarse con apreciarla desde fuera.
El palacio Bahía es otra de las construcciones monumentales de la ciudad. A pesar de estar construido en el siglo XIX recordando el estilo andalusí merece la pena su visita. El agua y la vegetación están muy presentes en este palacio que el visir Si Ahmed ben Moussa mandó construir en honor a su mujer favorita. La última de las visitas la destinaremos a las ruinas del palacio Badi desde donde se pueden contemplar unas vistas aéreas de la ciudad (no destaca por la altura de sus edificios, la mayoría son casas bajas y solo los minaretes de las mezquitas sobresalen del skyline que presenta Marrakech)

Antes de abandonar este enclave africano, Marrakech cuenta con numerosos parques y jardines. Caracterizados por el uso de la vegetación para dar sombra y del agua para refrescar el ambiente, los jardines de Menara llenos de olivos son los más populares de la ciudad. Situados en la zona moderna, desde aquí se pueden apreciar unas buenas vistas de las montañas de la cordillera del Atlas (especialmente en invierno, con las cumbres nevadas.)

Nos marchamos de Marrakech (lo podemos hacer por tren o por avión) y llegamos a Casablanca, la capital económica del país que cuenta con cerca de 4 millones de habitantes. Esta ciudad resulta una desagradable sorpresa para el visitante. Calles muy sucias, asfaltos levantados, muy ruidosa… bastante fea. De este núcleo costero, pero que ni siquiera tiene un agradable paseo marítimo, solo destacamos la mezquita de Hassan II. Se acaban los calificativos para describir esta magnánima obra de ingeniería moderna realizada entre 1986 y 1993 por orden del que fue rey marroquí hasta 1999. La mezquita es la segunda más grande del mundo, por detrás solo de la Meca, y proyecta unos láseres desde su minarete de 200 metros de alto que son vistos en varios kilómetros a la redonda. El edificio puede albergar hasta 25.000 fieles y en la sala de oraciones corre el agua por unas acequias esculpidas en mármol hasta las numerosas fuentes que allí se encuentran. En la zona subterránea el templo cuenta con varias piscinas y baños en teoría realizados para las abluciones previas al rezo, pero que no se utilizan. Para completar esta gran construcción, el techo de la cúpula se desplaza gracias a un mecanismo permitiendo la penetración de los rayos de sol o unas vistas excepcionales del cielo estrellado. La situación de la mezquita también es excepcional ya que el rey Hassan II mandó construir el edificio en el mar, creando una pequeña península artificial. El patio de la mezquita puede albergar hasta 90.000 creyentes más. Este es un edificio espectacular, símbolo de la ciudad y del país, pero tristemente parece que todo el dinero destinado para la ciudad de Casablanca se hubiese gastado en la construcción y mantenimiento del templo (en teoría una parte del capital necesario procedió de las ayudas voluntarias de la población.)
La ventaja de Casablanca es que cuenta con unas estaciones de trenes muy bien conectadas con el resto del país. Desde aquí podemos viajar a Rabat, Meknes o Fez, las otras ciudades imperiales junto con Marrakech, que se pueden visitar en un día. El tren marroquí sorprende por su eficacia y calidad. Quien espere vagones destartalados y retrasos de horas se llevará una alegría ya que la ONCF (como la RENFE española) cuenta con aparatos rápidos, nuevos, limpios y puntuales a un precio razonable (por ejemplo, en 2009 un billete de ida entre Casablanca y Rabat a 130 Dirhams = unos 12 €).

Precisamente el primer trayecto que tomaremos será rumbo a la capital del país. Rabat se encuentra a menos de 100 Km de Casablanca por lo que resulta el viaje más corto de todos los que vamos a realizar. La principal ciudad marroquí es la que más se asemeja a la idea de ciudad que tenemos en Europa. Un agradable lugar en el que se puede visitar el mausoleo de Mohammed V, la torre de Hassan y el Palacio Real entre otros monumentos. Existe zona de playa (sorprende ver como hay un cementerio instalado muy próximo al mar, donde aquí en España habría un hotel o unos apartamentos) habilitada para el baño. El paseo por las avenidas y parques, así como la visita a la medina, es una de las opciones de esta excursión. Pero desde aquí recomendamos encarecidamente la visita al Alcazaba (también llamada Kasbah de Oudaias) donde se siente más nítidamente la influencia del mar. Las casas pintadas de azul y blanco recuerdan al mediterráneo, mientras que las vistas del océano Atlántico son únicas desde esta parte de la ciudad. Las murallas y puertas grabadas nos recuerdan que estamos en África.

Las ciudades de Meknes y Fez presentan una imagen similar. Ambas antiguas capitales del reino, conservan vestigios de sus respectivas épocas doradas como los palacios, puertas y murallas. De Meknes destacamos su medina, al estilo de Marrakech, y la plaza principal de El-Hdim. En Fez lo más curioso de ver, aparte de la medina declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO, es el lugar donde tiñen el cuero curtido.

Esto es lo principal del país, pero si se dispone de más días el viajero podrá realizar otras excursiones para conocer el territorio de forma más exacta. El viaje hasta Ouarzazate, una pequeña población situada más allá del medio Atlas que se considera la puerta al desierto y cuenta con varios estudios de cine, nos descubrirá alguna de las Kasbahs, o ciudades-fortalezas, en donde se rodaron películas como Gladiator, el Reino de los Cielos o Lawrence de Arabia entre otras.

El viaje a Marruecos depara momentos únicos que nunca se olvidarán. Merece la pena conocer la mentalidad que tienen en nuestro país vecino. Enseñanzas como “las prisas matan” eran repetidas una y otra vez en las calles marroquíes. Así como en lo referente a las apariencias: detrás de fachadas desvencijadas o puertuchas cutres podemos encontrar verdaderos paraísos privados donde el agua y el verde cobran protagonismo. Todo ello para no generar envidias a sus vecinos, y evitar así maldiciones. Los marroquíes son muy supersticiosos, hasta el punto de eliminar la fila 13 en los aviones de Royal Air Maroco o suprimir las habitaciones con este número. Referente al papel de la mujer, debemos señalar que la mentalidad allí está cambiando. No es extraño ver mujeres vestidas con prendas occidentales, vaqueros o camisetas ajustadas. La poligamia no tiene efectos prácticos allí y el Código Civil de 1994 otorgó una serie de ventajas a las mujeres. Lejos de los niveles de igualdad que existen en los países más avanzados en cuanto a derechos sociales, Marruecos intenta poco a poco otorgar la dignidad que merecen sus ciudadanas.

Como señalamos al principio, la semblanza de este viaje está realizada durante el mes del Ramadán. Esto depara situaciones incluso surrealistas, aparte de la dificultad para encontrar un sitio para comer abierto durante el día. Para situarnos, es importante señalar que el ayuno durante este mes empieza a las 4.30 horas y acaba a las 19.30, afecta a todos los musulmanes (salvo a los niños) y durante este tiempo no se puede comer ni tampoco beber nada. Es increíble comprobar como, con el toque de la bocina que marca el fin del ayuno diario, las ciudades se quedan literalmente vacías. Ni coches en movimiento, ni gente, ni nada. Los tenderetes de las medinas se cierran, se pueden escuchar los pasos de los escasos turistas (salvo Marrakech, el resto de ciudades no cuentan con aglomeraciones de visitantes) caminando por las desoladas calles. Media hora después las ciudades retoman su habitual banda sonora de claxon de coches y ajetreo de las personas cargando con mercancía.

Marruecos es trasladarse a la puerta que da acceso al mundo árabe, influenciada por la cercanía a Europa y por las costumbres africanas de más allá del Sahara.

Información útil

Idioma: árabe, también francés
Moneda: Dirham (1 € = 11 Dh)
Embajada de España en Rabat
Fronteras: España, Argelia y Sahara Occidental

Grecia: las ruinas de una gran civilización

Ahora que el país helénico está tristemente de actualidad por ser el canalizador de paquetes bomba contra embajadas europeas, desde viajandoalrededordelmundo.wordpress.com os vamos a acercar a las orillas del mar Egeo para disfrutar de este territorio bañado por el Mediterráneo.

Visitar Grecia es embarcarse en un viaje por la historia, los cimientos del conocimiento moderno. Solo allí podremos revivir los viajes de Ulises reflejados en la Odisea de Homero o conocer el terreno sobre el que los pensadores más importante de occidente desarrollaron su labor: Platón, Aristóteles,  Pitágoras y Herodoto (considerado como el primer historiador y cronista) entre otros muchos. Aunque este viaje también es un ejercicio de imaginación ya que lamentablemente la mayoría de los principales monumentos clásicos se encuentran en pésimo estado de conservación.

Grecia es un país no muy extenso pero tiene mucho que ver. Por ello podemos hablar de tres zonas de visita: la capital Atenas, la península del Peloponeso (donde se encontraban las antiguas urbes de Esparta, Micenas y Olimpia, sitio de celebración de los primeros juegos Olímpicos), y un recorrido por el mar Egeo visitando las islas de Creta y Rodas hasta llegar a Éfeso, hoy perteneciente a Turquía.

La primera parada de nuestro tour será Atenas. El atractivo principal de la capital griega es la zona de la Acrópolis, donde se sitúa el Partenón y el Erecteion. La Acrópolis se trata de una colina edificada que sirvió como fortaleza natural de la ciudad a lo largo de los siglos y sobre la que se construyeron los edificios más notables de la civilización griega. Para ascender hasta los Propíleos, la entrada de esta zona monumental, debes preparar tus piernas para emprender el camino por un empinado sendero que acaba a los pies del templo a Atenea Nike. Una vez arriba todas las miradas se dirigen hacia el Partenón, construido sobre el punto más alto de la Acrópolis por los arquitectos Ictinos y Calícrates gracias al dinero aportado por Pericles procedente de la Liga de Delos. El edificio, o lo que queda de él (pese a las obras de reconstrucción su estado es pésimo) es de estilo dórico y constituyó lo que fue la obra arquitectónica más perfecta y bella de la antigua Grecia. La casa de las vírgenes, -significado etimológico-  que estaba dedicada a la diosa Atenea por ser la patrona de Atenas, es un templo octástilo (ocho columnas en la fachada) y períptero (rodeado completamente por columnas) construido durante el periodo clásico (entre los años 447 y 432 a. C) en el que destacaron las esculturas del arquitecto Fidias.

Tras la visita al Partenón (que no es más de lo que se ve por fuera, ya que no se puede entrar ni pasear por su interior) podremos admirar el Erecteión donde se encuentran las famosas Cariátides, columnas con forma de mujer. Para terminar el recorrido existe un pequeño museo con restos de frisos y esculturas griegas. Pero nadie debería abandonar esta colina sin asomarse y apreciar las maravillosas vistas de la ciudad de Atenas que ayuda a comprender la simbiosis perfecta que se da en la Acrópolis entre naturaleza y arquitectura.

Pero Atenas no solo es la Acrópolis. Pasear por los barrios de Plaka o Monastiraki, o acercarse hasta el estadio de Kalimarmaro o el ágora de Atenas son otras de las opciones que tienen todos los que acuden a la capital griega. Por supuesto, como en cada viaje, los planes siempre deben incluir “perderse” por las calles de la ciudad e ir descubriendo a sus gentes y lugares.

Para dirigirse a la segunda etapa del viaje se debe llegar al Pireo, el puerto de Atenas, para embarcarse en un crucero por el mar Egeo. Situado entre Grecia y Turquía, como parte del Mediterráneo, el Egeo es un mar tranquilo por lo que la travesía en barco resulta apacible, revolviéndose las aguas solo en el viaje hasta la isla de Creta. Este mar griego cuenta con más de 2000 pequeñas islas, de las que solo unas 200 están habitadas.
Las posibilidades aquí son grandes, dependiendo de la cantidad de días y el tour que se prefiera. La mitología griega tiene infinidad de historias sobre estas islas, como la de Delos que fue creada por Zeus para dar cobijo a sus hijos Apolo y Artemis; o Naxos, marcada por el patronazgo del dios Dionisio. Aquí vamos a detallar las islas principales que suelen incluirse en todas las rutas, y que ningún viajero debe perderse.

La primera de las paradas será en el archipiélago de las islas Cícladas, más en concreto en Myconos. Esta población (como todas las que se pueden ver en este crucero) está claramente influenciada por la esencia mediterránea y pueden recordar a las islas Baleares. El azul y en especial el blanco dominan todo Myconos, sus casas bajas y sus calles estrechas son el principal atractivo de la isla. Tras recorrer la zona del centro (son núcleos muy pequeñitos, por lo que casi todo es centro allí) y visitar alguna de sus ermitas ortodoxas, el paseo por Myconos puede concluir en los molinos de viento que allí se conservan. La curiosidad de esta isla la aportan los pelícanos que están sueltos y se pasean junto con los turistas por las calles y playas.

Santorini es otra isla de este archipiélago, y quizás sea la más bella de todas gracias a su enclave único. De origen volcánico, la primera imagen que tenemos de ella según nos aproximamos por el mar es la de un pueblecito en lo alto de un enorme acantilado, reinando sobre las aguas y rozando el cielo. Los barcos no pueden llegar hasta el puerto por lo que se realiza un breve trayecto en lanchas motoras. Una vez puestos los pies en la tierra nos encontramos con dos vías para ascender hasta las casas: un moderno teleférico o un trayecto en burro por un sinuoso camino empedrado. Coronada la colina, ya solo queda disfrutar de un enclave único, privilegiado. Al igual que Myconos, el azul y el blanco crean un maravilloso efecto dotando a la isla de una magia sin igual.
Estas dos pequeñas islas (Myconos y Santorini) no destacan por su belleza monumental sino por su poder paisajístico y el aura mediterráneo y vitalista que allí se respira.
Para continuar conociendo la cultura de la Grecia clásica quedan aún tres paradas más en la travesía: Rodas, Creta y Éfeso.

Éfeso se encuentra en la costa turca. De todo lo visto, nos encontramos ante las ruinas arqueológicas que mejor se conservan. Son los restos de una antigua ciudad de Asia menor fundada en el siglo XI a.C y dedicada a la diosa de la caza Artemis. Precisamente aquí se localiza el santuario más importante consagrada a esta diosa hija de Zeus, que en principio era la divinidad

de la fecundidad pero evolucionó hacia una figura cazadora relacionada con los animales. En la ciudad de Éfeso podremos recorrer las principales vías, escoltadas por columnas, que nos llevarán hasta la biblioteca y el teatro. Tras la visita, de vuelta al barco rumbo a una de las principales islas del mar Egeo, Rodas.
La importancia de Rodas viene del pasado. Allí se encontraba el Coloso, una estatua del dios del Sol de 32 metros de alto realizada en bronce y hierro, que presidía el puerto marítimo y que está considerada como una de las siete maravillas del mundo antiguo. La obra no duró ni un siglo porque fue destruida por un terremoto, por lo que hoy en día no tenemos una idea exacta de cómo fue. En Rodas se deben visitar los vestigios de la ciudad medieval: las fortalezas, torres y la muralla. Además, si se dispone de tiempo, existe un hermoso parque natural de mariposas.

El recorrido por Grecia termina en Creta, la isla más grande de todo el país y conocida por la historia mitológica del laberinto del Minotauro. Aquí descubriremos las ruinas del reconstruido palacio de Cnosos, con más de 3000 años de antigüedad. Otros atractivos de la isla es su capital, Héraklion, o sus costas y paisajes en los que hacer deportes de aventura.

De vuelta al Pireo, la última etapa de nuestro viaje podría ser un circuito por la península del Peloponeso profundizando más en la historia de la Grecia Clásica o relajarse en cualquiera de las playas de las islas griegas (para esto, no recomendamos las playas de Rodas.)

El viaje por Grecia en viajandoalrededordelmundo.wordpress.com termina aquí. Como conclusión podemos decir que el país helénico es un destino que permite impregnarse de la esencia mediterránea conociendo lo que fue una gran civilización que puso los cimientos del pensamiento moderno occidental. En contra de Grecia juega el pésimo estado de conservación de sus monumentos. Como decía el cómico Gila: “Grecia está, pero hay que ver cómo está”. La mayor parte de su patrimonio clásico está en ruinas y apenas queda de ellos más que los cimientos. Por eso, y siempre según opiniones, la parte que más se disfruta del viaje es la travesía por el mar Egeo conociendo las pequeñas y bellas islas que bañan esta zona del Mediterráneo.
En la actualidad la crisis económica ha debilitado el turismo en Grecia, un país que depende de este sector (la aportación de la industria del turismo en el PIB nacional ronda el 17%, recibiendo más de 17 millones de visitas al año)

Información útil
Idioma: griego
Moneda: euro
Franja horaria: GMT +2 (una más que en Madrid)
Embajada de España en Atenas: Dionisiou Areopagitou, 21.- Atenas 11742
Fronteras: Albania, Macedonia y Bulgaria, al norte. Turquía en el este.
Capital: Atenas

Ubicación en el mapamundi