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Wieliczka (Polonia): minas Patrimonio de la Humanidad

Solo al salir de los túneles uno se da cuenta de dónde ha estado. Cuando vuelves a la poderosa luz del sol y observes la sal que se ha pegado en tus pestañas, que se apodera de tu gusto y que se aloja en la carcasa de tu cámara descubrirás la magnitud de las minas de sal de Wieliczka, situadas a pocos kilómetros de la villa medieval de Cracovia (Polonia).

Wielizcka

No se trata de una atracción turística más sino de toda una experiencia. Adentrarse un centenar de metros en las entrañas de la tierra para descubrir cómo funcionó una impresionante mina con más de 200 kilómetros de túneles por recorrer (la visita turística se limita a dos o tres) es de por sí impresionante. Si a eso añadimos lo ornamental de las magnánimas salas donde se celebran incluso bodas, el resultado es un monumento declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1978, uno de los 12 primeros en ser reconocidos con esta etiqueta. El recorrido por las minas permite conocer la evolución de la minería a través de las distintas épocas (desde el siglo XIII hasta el XX) aunque lo más sobrecogedor no son ni entresijo de túneles ni los utensilios empleados para extraer la sal, sino las preciosas joyas escultóricas y arquitectónicas que aquí y allá se van diseminando por el circuito, todas ellas ganadas a la roca con maestría y sostenidas por una infraestructura de madera.

Wielizcka

Información útil

La forma más económica para llegar hasta la entrada de las minas es a través del autobús urbano 304 (preguntad en la oficina de turismo por sus paradas), el viaje dura aproximadamente 20 minutos y para a menos de un minuto del punto de partida hacia el interior de la mina. El tour obligatoriamente incluye un guía, en inglés todo el año y en español solo de junio a septiembre y conviene llevar ropa de abrigo ya que las temperaturas abajo rondan los 15ºC y de media la visita dura unas dos horas y media.

Wielizcka

En su web oficial podréis consultar todo lo necesario para vuestra visita.

Más fotografías en el flickr de Viajando alrededor del mundo.

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Aveiro, la ciudad de los canales entre Lisboa y Oporto

Entre las dos grandes ciudades de Portugal y con vistas al mar, la pequeña villa de Aveiro ofrece a sus visitantes una réplica de la Venecia italiana con sabor a tradición lusa.

57 kilómetros al sur de Oporto y 218 al norte de la capital de Portugal se encuentra la pequeña ciudad de Aveiro, una parada obligada en el camino hacia cualquiera de las dos grandes urbes del país luso. Esta villa marcada por los canales que la embellecen se asemeja, salvando las distancias, a la Venecia italiana pero con marcados rasgos de la tradición portuguesa como los azulejos que adornan algunas de las fachadas de sus edificios. Tradición y modernidad -cuentan con un centro comercial donde se pueden encontrar las marcas populares en España- conjugan en este ‘Concelho’ de 200 kilómetros cuadrados, cuyo centro turístico se puede recorrer a pie porque no es muy extenso, y una densidad de población de 368 hab/km2 según los datos del INE de 2004.

Siglo a siglo la ciudad de Aveiro ha ido ganando protagonismo gracias, principalmente, a su proximidad al mar. En el centro de la villa, rodeada de restaurantes, se encuentra la lonja acristalada donde se vende el pescado recogido por los diferentes barcos que faenan en sus costas. Esa es la Praça do Peixe, y tras un pequeño paseo, siempre a orillas de algún canal poblado de vivaces embarcaciones a modo de góndolas, el camino nos lleva hasta la Catedral de Sao Domingos y la Iglesia de las Carmelitas, entre otros conventos y lugares de culto que ofrecen al visitante una buena excusa para hacer un alto en el camino. Imprescindible la visita a la plaza Marques de Pombal -una de las figuras de la historia de Portugal- donde se encuentra el Gobierno Civil, Correos, Justicia y que destaca por sus adornos florales y su representativa casa de azulejos azules y blancos.

Pero la mejor forma de ver Aveiro es perdiéndose entre sus calles y adoquines. Disfrutar de las coloridas viviendas, del olor a mar, e ir sorprendiéndose a cada paso mientras se degustan los ovos moles, un dulce típico de esta villa hecho de yemas de huevo que se ha convertido en un símbolo de la ‘Venecia portuguesa’.

Conoce más en http://www.cm-aveiro.pt/www/  http://www.aveiro.eu/

Fuente primera fotografía: enjoyourholiday.com

Zamora: una buena idea para Semana Santa

La capital castellana se vuelca con pasión durante la fiesta religiosa y ofrece a sus visitantes revivir el románico y disfrutar de unos días de devoción, arte y calma.

El río Duero, a su paso por tierras castellanas, atraviesa y da vida a la ciudad de Zamora, una de las capitales de provincia donde con más intensidad se vive la Semana Santa, declarada de Interés Turístico Internacional. En total, 17 procesiones desde el Viernes de Dolores al Domingo de Resurrección.

En el ‘museo vivo del románico’, sobrenombre con el que se conoce la ciudad, el visitante podrá disfrutar no solo de una escenificación religiosa meticulosamente planteada, sino también de una amplia oferta artística y de una villa alejada de los excesos de las prisas y el estrés.

La plaza La Farola marca el inicio de una ruta por la arteria principal de Zamora, que comienza en la calle Santa Clara para finalizar con la visita al Castillo y la Catedral. Pasando la iglesia de Santiago del Burgo y la plaza Zorrilla el visitante llega a la Plaza Mayor donde se encuentra además del ayuntamiento la iglesia de San Juan y un pequeño homenaje a la Semana Santa (fotografía superior).

Tras conocer el monumento dedicado a Viriato, quien hizo frente al Imperio Romano, el Parador de Turismo ofrece descanso a aquel que quiera disfrutar de uno de los edificios emblemáticos de la ciudad. Siguiendo hacia adelante por la Rua de los Francos se alcanza la románica iglesia de la Magdalena y el Convento del Tránsito, enfrentado una con otro a ambos lados de la calle. Impregnados de la esencia del siglo XII es el momento de conocer a un acompañante que, desde el principio, ha guiado al visitante en su trayecto. La calle Troncoso nos ofrece el mejor mirador para apreciar la fuerza del caudaloso río Duero y el puente de piedra que cruza sobre sus aguas. Con la magnífica vista aérea todavía en las retinas, la igleisa de San Pedro y San Idelfonso, construida en el siglo XII y renovada en el XV constituye el último escalón antes de alcanzar la Catedral.

La Catedral y el Castillo forman el núcleo artístico principal de Zamora. Rodeados de unos agradables jardines, en el museo catedralicio se puede observar una gran colección de tapices flamencos. Una vez dentro del templo (la entrada general es de 4 €) destaca en la parte central de la nave principal la sillería del coro realizada por Juan de Bruselas. Al salir de la Catedral nos espera el Castillo, última parada en la visita y de entrada gratuita, desde donde podemos contemplar una panorámica de la ciudad.

La Catedral (arriba) y el Castillo (abajo)

Información sobre la Semana Santa de Zamora: Lapasióndezamora, ssantazamora

Consulta la previsión meteorológica para los próximos días en Zamora aquí

TAC: una buena excusa para conocer Valladolid

La capital del Pisuerga tiene estos días una vida inusual. Una benigna plaga de artistas se han instalado en la ciudad dando colorido, alegría y espectáculo a una ciudad muy atractiva para el turismo cultural y gastronómico. El motivo de tal explosión de música y dramatización se debe a la 12º edición del Festival Internacional de Teatro y Artes de Calle (TAC), una cita ineludible para los amantes de estas disciplinas y una buena excusa para conocer Valladolid.

El TAC 2011, que rinde homenaje al artista Albert Vidal, reune 260 representaciones de 65 compañías distantas provenientes de 16 paises. Desde el martes 24 de mayo hasta el domingo 29 resulta difícil caminar por la ciudad sin encontrar un cómico, una familia de acróbatas o un grupo de danza. Los bellos edificios emblemáticos como la Iglesia de San Benito (s.XVI), el Patio Herreriano, Santa María La Antigua (s. XI-XIV), los edificios burgueses de la Acera de Recoletos o la Catedral son testigos de excepción de esta muestra de arte. En total treinta y cinco puntos donde disfrutar de una rutina de circo, teatro, danza o música que comienzan desde las 11 de la mañana y se prolongan hasta más allá de la media noche.

La capital castellana es una ciudad tranquila que se disfruta lentamente. Gran historia recae sobre el suelo de Valladolid, desde la curiosa anécdota del bautizo de Felipe II en la iglesia de San Pablo pasando por una de las Universidades más antiguas de España. Personajes de la talla de Miguel de Cervantes, Cristobal Colón o José Zorrilla (nacido en la ciudad) han dejado su huella marcada en las calles de la capital. Además Pucela, como así se denomina a la ciudad de forma popular, no está anclada en el pasado sino que mira hacia el futuro: la reciente inauguración de la Plaza del Milenio es una muestra de ello.

El rico patrimonio artístico y los jardines que adornan la ciudad se aunan a la amplia gastronomía local para hacer de Valladolid una ciudad que merece la pena ser visitada, cuyas virtudes no entran en un solo post. El TAC, acompañado de buen tiempo, anima las calles estos días y convierten la visita en una experiencia única.

Naturaleza y tradición en una escapada rural

Viajar al norte de Extremadura es asomarse a una ventana abierta a la naturaleza donde cada primavera podemos ser espectadores de un bello espectáculo: el florecer de los cerezos. Además conoceremos las tradiciones y pueblos del rural profundo, una experiencia para reencontrarnos con la calma y la reflexión.

En la provincia de Cáceres, limitando por el norte con Castilla y León, se encuentra la comarca del valle del río Jerte que contempla once municipios con algo más de diez mil habitantes en su totalidad. Un territorio tranquilo en el que predomina la dedicación a la agricultura, con especial atención al producto más famoso de la zona, las cerezas del Jerte. Y es que este fruto no solo permite la supervivencia de la agricultura sino que también, cada primavera, genera un espectáculo espléndido que atrae a muchos viajeros. Las pequeñas terrazas se cubren de blanco y rosa, de millones de árboles en flor, como si de nieve se tratase, un manto de pétalos que dan a esta comarca un tono especial.

 

http://turismoactivo.us

Además de esto en el Valle del Jerte podemos disfrutar plenamente de la naturaleza. A los pies de la sierra de Gredos la zona cuenta con gargantas de agua formando pequeñas cascadas enclavadas en bosques de robles y castaños.

Pero el norte de Extremadura no se limita solo a la naturaleza sino que podremos disfrutar de la Historia. Junto al valle del Jerte está el valle de la Vera. Cerca de la zona de cerezos, en Cuacos del Yuste, se encuentra el monasterio del Yuste donde el rey Carlos I de España se retiró los últimos años de su vida, hasta su muerte en 1558. El pequeño monasterio cuenta con dos zonas diferenciadas: la sencilla residencia del emperador y el convento.

http://www.destinoespana.com - monasterio del Yuste

Tras esta visita el camino nos lleva obligatoriamente a conocer los pequeños pueblos del valle de la Vera, famoso por su pimentón. Jaraíz de la Vera, próximo a la garganta de la Olla, o Valverde de la Vera bien merecen una parada. Este último pueblo cobra especial interés en Semana Santa donde se lleva a cabo la tradición de los empalaos. En medio de la noche y de un sepulcral silencio, estos empalaos descienden descalzos por las empedradas y empinadas calles como muestra de sacrificio y devoción.

El tour por el norte de Extremadura se puede completar con la visita a Plasencia, ciudad ya transitada por los romanos. Allí se pueden apreciar catedrales de los siglos XIV y XV, numerosas iglesias y conventos, palacios e incluso una muralla del siglo XII.

Por último los amantes de lo esotérico también tienen una excusa para acudir al norte de Cáceres. A unas decenas de kilómetros del valle del Jerte se encuentra la zona de las Hurdes, famosa por avistamientos y encuentros con vida extraterrestre.

No faltan motivos para viajar al norte de Extremadura. El contacto con la naturaleza, ver y sentir la tradición y el encanto de los pequeños pueblos o simplemente descansar en alguno de los Paradores Nacionales que por allí se encuentran. Turismo rural que no te debes perder, un destino ideal para desconectar del mundanal ruido y disfrutar de un entorno casi mágico.

 

Fuentes: elaboración propia, turismovalledeljerte, valverdevera