Archivo de la categoría: Enclaves hermosos

La magia del cine a las puertas del Sáhara

Considerada como la entrada al desierto, próxima a la coordillera del Atlas, Ouarzazate se ha revelado como una de las ciudades más glamurosas de Marruecos gracias a sus estudios cinematrográficos, entre los que se encuentran los ‘Atlas Studios’, unos de los más grandes del mundo.

Por las Kasbahs (ciudades fortificadas) cercanas a Ouarzazate pasaron personajes de la talla de Rusell Crowe en la piel de un gladiador de la antigua Roma, los protagonistas de La Momia  y también los personajes de Rene Goscinny en Asterix y Cleopatra. Y es que esta zona de Marruecos es verdaderamente de película.

Para llegar allí desde Marrakech, la ciudad destacada más próxima a los estudios (algo más de 150 km. separa ambas urbes), hay que recorrer un sinuoso trayecto por carretera por la cual se atraviesa parte de la coordillera de los Atlas. Desde el cemento, a los pies del viajero surge un paisaje árido y pedregoso donde cada árbol, con su correspondiente sombra, es un regalo de la naturaleza. A cada curva, cuando parece que en ese paisaje nadie puede sobrevivir por mucho tiempo, aparecen vendedores ambulantes que buscan algunas monedas a cambio de rocas, collares o pequeñas vasijas. Es en esos momentos cuando surgen casi como un espejismo las majestuosas Kasbahs de piedra y barro como la de Ait Ben Haddou (en la fotografía), por donde paseó el mismo Lawrence de Arabia y que ha sido nombrada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Al final del camino, el Hollywood de África. Ourzazate no es muy grande, pero allí están los famosos estudios de cine que el visitante podrá recorrer. Un viaje por la historia del cine a las puertas del omnipresente Sáhara.

Fuentes complementarias: http://www.disfrutamarrakech.com/ouarzazate
Anuncios

Aveiro, la ciudad de los canales entre Lisboa y Oporto

Entre las dos grandes ciudades de Portugal y con vistas al mar, la pequeña villa de Aveiro ofrece a sus visitantes una réplica de la Venecia italiana con sabor a tradición lusa.

57 kilómetros al sur de Oporto y 218 al norte de la capital de Portugal se encuentra la pequeña ciudad de Aveiro, una parada obligada en el camino hacia cualquiera de las dos grandes urbes del país luso. Esta villa marcada por los canales que la embellecen se asemeja, salvando las distancias, a la Venecia italiana pero con marcados rasgos de la tradición portuguesa como los azulejos que adornan algunas de las fachadas de sus edificios. Tradición y modernidad -cuentan con un centro comercial donde se pueden encontrar las marcas populares en España- conjugan en este ‘Concelho’ de 200 kilómetros cuadrados, cuyo centro turístico se puede recorrer a pie porque no es muy extenso, y una densidad de población de 368 hab/km2 según los datos del INE de 2004.

Siglo a siglo la ciudad de Aveiro ha ido ganando protagonismo gracias, principalmente, a su proximidad al mar. En el centro de la villa, rodeada de restaurantes, se encuentra la lonja acristalada donde se vende el pescado recogido por los diferentes barcos que faenan en sus costas. Esa es la Praça do Peixe, y tras un pequeño paseo, siempre a orillas de algún canal poblado de vivaces embarcaciones a modo de góndolas, el camino nos lleva hasta la Catedral de Sao Domingos y la Iglesia de las Carmelitas, entre otros conventos y lugares de culto que ofrecen al visitante una buena excusa para hacer un alto en el camino. Imprescindible la visita a la plaza Marques de Pombal -una de las figuras de la historia de Portugal- donde se encuentra el Gobierno Civil, Correos, Justicia y que destaca por sus adornos florales y su representativa casa de azulejos azules y blancos.

Pero la mejor forma de ver Aveiro es perdiéndose entre sus calles y adoquines. Disfrutar de las coloridas viviendas, del olor a mar, e ir sorprendiéndose a cada paso mientras se degustan los ovos moles, un dulce típico de esta villa hecho de yemas de huevo que se ha convertido en un símbolo de la ‘Venecia portuguesa’.

Conoce más en http://www.cm-aveiro.pt/www/  http://www.aveiro.eu/

Fuente primera fotografía: enjoyourholiday.com

Salzburgo, la cuna de Mozart en los alpes austriacos

La ciudad austriaca, dividida por el río Salzach, es famosa por ser la localidad donde nació el genio de la música. Pero además de eso esta villa Patrimonio de la Humanidad ofrece al visitante monumentos únicos a los pies de los Alpes.

Aproximadamente a 250 km. de Viena se encuentra una ciudad de paso obligatorio en el viaje por los Alpes austriacos. Salzburgo obtuvo gran fama gracias a su ciudadano más destacado, Wolfgang Amadeus Mozart, el genial compositor y pianista cuyo lugar de nacimiento está reconocido en el centro de la urbe, aunque a orillas del Salzach se puede disfrutar del bello casco urbano de la ciudad y de la fortaleza de Hohensalzburg, construída en el siglo XI y que domina el horizonte desde lo alto de la colina Mönschsberg.

El paseo por el Altstadt, o casco antiguo, de Salzburgo no le llevará al visitante más de un día, pero sin duda lo que allí vea quedará en sus retinas a lo largo de los años. La ruta comienza en torno a las plazas Residenz y Kapitel, donde se encuentran los principales edificios de la ciudad. La Catedral se alza hermosa como testigo de excepción de la historia que atesora la villa. Fue inaugurada por primera vez en el 774, pero un incendio arrasó con el edificio. En 1628 el templo fue reconstruído pero durante la Segunda Guerra Mundial un proyectil alcanzó el edificio y derribó la cúpula, por lo que finalmente en 1959 la Catedral abrió sus puertas tras las obras de recuperación.

Tras detenerse en alguno de los puestos que se instalan en la Kapitelplatz y contemplar el gran ajedrez y la bola dorada que adornan la plaza, el camino lleva inevitablemente a la abadía románica de San Peter, donde se encuentra el cementerio más antiguo de la ciudad. La siguiente etapa del viaje será la fortaleza de Hohensalzburg.

Desde la plaza Kapitel se puede acceder al funicular que nos llevará hastael punto más alto de Salzburgo. La fortaleza que domina la ciudad fue construída en el año 1077 por orden del arzobispo Gebhard y ampliada en varias fases por sus sucesores. El que ningún enemigo lograse a lo largo de la Historia conquistar el edificio es una buena muestra para imaginar su importancia. Desde allí, además de conocer la evolución de Salzburgo y pasear por las diferentes salas, el visitante podrá disfrutar de unas vistas únicas del rio Salzach y de toda la ciudad.

Una buena forma de acabar el día es pasear por Getreidegasse, la principal calle comercial de Salzburgo caracterizada por los carteles que cuelgan de cada tienda, y finalizar el recorrido en la puerta de la casa donde Mozart comenzó a dar sus primeros pasos.

Para conocer más sobre Salzburgo: http://www.salzburg.info/es/

Fotografía de la fortaleza: © Sbg. Burgen & Schlösser

TAC: una buena excusa para conocer Valladolid

La capital del Pisuerga tiene estos días una vida inusual. Una benigna plaga de artistas se han instalado en la ciudad dando colorido, alegría y espectáculo a una ciudad muy atractiva para el turismo cultural y gastronómico. El motivo de tal explosión de música y dramatización se debe a la 12º edición del Festival Internacional de Teatro y Artes de Calle (TAC), una cita ineludible para los amantes de estas disciplinas y una buena excusa para conocer Valladolid.

El TAC 2011, que rinde homenaje al artista Albert Vidal, reune 260 representaciones de 65 compañías distantas provenientes de 16 paises. Desde el martes 24 de mayo hasta el domingo 29 resulta difícil caminar por la ciudad sin encontrar un cómico, una familia de acróbatas o un grupo de danza. Los bellos edificios emblemáticos como la Iglesia de San Benito (s.XVI), el Patio Herreriano, Santa María La Antigua (s. XI-XIV), los edificios burgueses de la Acera de Recoletos o la Catedral son testigos de excepción de esta muestra de arte. En total treinta y cinco puntos donde disfrutar de una rutina de circo, teatro, danza o música que comienzan desde las 11 de la mañana y se prolongan hasta más allá de la media noche.

La capital castellana es una ciudad tranquila que se disfruta lentamente. Gran historia recae sobre el suelo de Valladolid, desde la curiosa anécdota del bautizo de Felipe II en la iglesia de San Pablo pasando por una de las Universidades más antiguas de España. Personajes de la talla de Miguel de Cervantes, Cristobal Colón o José Zorrilla (nacido en la ciudad) han dejado su huella marcada en las calles de la capital. Además Pucela, como así se denomina a la ciudad de forma popular, no está anclada en el pasado sino que mira hacia el futuro: la reciente inauguración de la Plaza del Milenio es una muestra de ello.

El rico patrimonio artístico y los jardines que adornan la ciudad se aunan a la amplia gastronomía local para hacer de Valladolid una ciudad que merece la pena ser visitada, cuyas virtudes no entran en un solo post. El TAC, acompañado de buen tiempo, anima las calles estos días y convierten la visita en una experiencia única.

Las Pirámides de Guiza

De todos los edificios del planeta Tierra, de todas las construcciones que están o han estado en pie, solo hay una que ha sido admirada y contemplada con asombro y duda durante más de 4000 años. El edificio más magnífico que ha aguantado guerras, desastres, ventiscas de arena, lluvia y el paso de siglos y siglos convirtiéndose en algo eterno, un símbolo a la altura de un dios, una obra impregnada de magia que ha inspirado por igual a poetas y militares.

Desde el centro de El Cairo se adivina el perfil de las pirámides situadas en la meseta de Guiza, silueta tenue en un cielo pesado de tanto calor y contaminado por el humo de los coches. En la ciudadela de Saladino, situada un nivel por encima del resto de la ciudad, se disfruta de la vista fantasmagórica de las pirámides que aparecen como un espejismo del pasado. Para llegar a ellas hay que conducir unos kilómetros, trayecto que sirve para dejar atrás las casas y aproximarse a las puertas del desierto. Allí la Gran Pirámide brilla bajo el intenso sol y a pesar de haber perdido el dorado en su cúpula nadie duda que se trata de una construcción que empequeñece a cualquier mortal. La colocación de las piedras, sin su recubrimiento original, asemeja una escalera por la que se podría trepar al cielo, una autopista imaginaria que conecta tierra y paraiso. Con los pies en el suelo, la policía turística vestida de blanco vigila que todo siga en orden mientras los visitantes hacen cola para adentrarse en el templo egipcio.

La magnitud de la Gran Pirámide es evidente (fue el edificio más alto del mundo durante muchos muchos años, hasta la inauguración de la Torre Eiffel en 1889) pero su construcción, en torno al 2550 a.C, esconde muchos misterios. Para empezar, como señala el egiptólogo Bill Manley, la distribución interna no se asemeja con ningún otro monumento real egipcio al contener tres cámaras a distintos niveles comunicadas por pasadizos. La más baja, situada a 30 metros bajo el nivel del suelo, ni siquiera se acabó. La segunda de ellas es la llamada “Cámara de la Reina” y por encima de ella se encuentra la Cámara del Rey a la que se accede a través de una galería amplia y construida cuidadosamente. Pero no solo eso sino que la Pirámide, de 146 metros de alto y 230 metros de lado, está orientada con total precisión hacia los puntos cardinales (esta es una característica común de todas estas construcciones funerarias aunque las más precisas fueron las realizadas durante la Dinastía IV.) Además las estrellas sirvieron como guías ya que las pirámides de Guiza están alineadas con algunas constelaciones. Se han encontrado textos  en las pirámides que hacían referencia a que el rey no puede morir porque se trata de una estrella imperecedera. Aunque a los ojos de los visitantes este no es un rasgo que se pueda apreciar sorprende los conocimientos de los antiguos egipcios que, según la teoría del ingeniero egipcio Robert Bauval, incluso orientaron los pasadizos de la Gran Pirámide hacia la culminación de ciertas estrellas.

Con este capítulo damos por concluido el especial Maravillas del Mundo. Las Pirámides de Guiza, diseñadas para que el recuerdo de los faraones Keops, Kefrén y Micerinos perdurase en el tiempo, son el único vestigio de los siete prodigiosos monumentos que alumbraron el mundo antiguo. Es difícil comprender el significado del conjunto hasta que no te encuentras frente a frente con esas piedras y desciendes por los angostos túneles que dan acceso a algunas de las cámaras abiertas a los turistas. Solo en ese momento uno se da cuenta de que se halla ante el edificio más magnífico de todos los que se han construido sobre la faz de la Tierra.

Fuentes: Manley, Bill “Los setenta grandes misterios del Antiguo Egipto” Londres 2003. Círculo de Lectores S.A
Maravillas del Mundo” Barcelona 1981. Salvat editores S.A

Ubicación geográfica (punto VII)