Rusia: la maravilla de los zares


¿Queréis conocer el país más grande del mundo? En Viajando alrededor del mundo os vamos a acercar hasta la zona europea de Rusia, donde se encuentran sus dos ciudades más importantes: San Petersburgo y Moscú.

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A pesar de lo que muchos pueden pensar, de la mala publicidad que tuvo la Unión Soviética en el mundo occidental, de la hipotética situación algo precaria del país, la realidad es que estas dos ciudades europeas no tienen nada que envidiar a las grandes capitales continentales. Las urbes de San Petersburgo y Moscú ofrecen multitud de alternativas para el visitante así como interesantes opciones culturales entre las que se encuentra uno de los principales museos de Europa o descubrir la opulencia de los zares.

A 3.200 kilómetros de Madrid, San Petersburgo se erige como cuna de los antiguos reyes rusos. A las orillas del golfo de Finlandia, esta ciudad rusa está marcada por el río Neva, de escasa longitud aunque el tercero de Europa en cuanto a caudal. La ciudad cuenta con muchos puentes para atravesar el caudal, algunos de ellos levadizos que permiten el paso de los barcos durante algunas horas de la noche impidiendo que los peatones crucen de un lado a otro. Cuentan que algunos maridos aprovechan esta situación como excusa para llegar tarde a sus casas, tras visitar los bares o irse con otras mujeres en la parte opuesta de la ciudad. Aparte de estas historias, resulta atractivo ver como se levantan lentamente estas obras de ingeniería moderna, una escena de belleza mecánica.
Aparte de los puentes, San Petersburgo es la ciudad de los zares por antonomasia. Fundada por Pedro I el grande en 1703, arrebatada a los suecos, la urbe ha sido una pieza clave en el devenir de la historia de Rusia e incluso de la Historia del mundo. Considerada como una “ventana a Europa”, la intención de su fundador era ofrecer una salida al mar para el imperio ruso. De esta forma San Petersburgo se convirtió en la capital de los zares hasta el siglo XX, cuando de la mano de la revolución comunista volvió a ser Moscú la ciudad principal. Fue en San Petersburgo donde comenzaron las primeras revueltas que luego desembocarían en el derrocamiento (y muerte) del Zar Nicolás II y la instauración del gobierno bolchevique con Lenin al frente. Durante la II Guerra Mundial (1939-1945) en esta zona tuvo lugar la cruenta batalla de Leningrado que marcó el principio del fin de Adolf Hitler. El nombre de la ciudad ha cambiado en más de una ocasión. Durante la I Guerra Mundial (1914-1917, para los rusos) San Petersburgo (la ciudad de San Pedro, en alemán) pasó a denominarse Petrogrado ya que Rusia luchaba contra los germanos, y les parecía ofensivo que la ciudad tuviese una denominación alemana. La ciudad tomó el nombre de Lenin a su muerte, en 1924, y se mantuvo hasta la caída de la Unión Soviética (1991) cuando los habitantes fueron sometidos a un referéndum sobre su ciudad. El 56% de ellos votaron a favor de retomar el nombre original de San Petersburgo, aunque la región se mantuvo como Leningrado.

En San Petersburgo el peso de la historia es evidente. La ciudad, articulada a través de la avenida Nevsky, cuenta con un referente cultural de excepción: el museo Hermitage. Cuenta con un complejo de varios edificios en el que destaca el Palacio de Invierno, antigua residencia de los zares situada a la orilla del río, donde nos encontramos con el grueso de una de las pinacotecas más importantes a escala mundial. Junto al museo, la plaza del Palacio y su gran columna de Alejandro nos da la bienvenida a una ciudad eterna. Después de recorrer por tierra el museo y sus alrededores, una alternativa es embarcarse en un pequeño bote y así apreciar desde las aguas el esplendor del conjunto arquitectónico compuesto por el mencionado Palacio de Invierno, los edificios del Pequeño y Gran Hermitage y el teatro.

En la siguiente visita que vamos a realizar conoceremos el lugar de origen de la ciudad. La fortaleza de Pedro y Pablo fue establecida por Pedro I con forma hexagonal. Dentro alberga la catedral homónima donde nos encontramos las tumbas de los zares desde el propio Pedro hasta el último, Nicolás II, que fue asesinado durante las revueltas bolcheviques. Tras conocer este fortín situado en la isla de Zayachi, nuestros pies deben encaminarse a la Catedral de San Isaac, la más majestuosa de la ciudad. Cruzando el puente Dvortsovy y adentrándonos unos metros hacia el dentro nos hallaremos en la plaza Isaackievskaya donde tendremos una panorámica de la cúpula dorada que culmina los techos de la casa de Dios. La catedral fue construida en el siglo XIX y desde su parte más alta se puede observar una privilegiada vista de San Petersburgo.

Otro de los templos más admirados de la “Venecia del norte”, uno de los sobrenombres de la ciudad rusa, es la Iglesia de Salvador sobre la Sangre Derramada. A muchos les recordará la famosa imagen del no menos famoso videojuego del Tetris (de hecho, inventado por un ruso en la década de los ochenta). Esta original iglesia fue levantada en conmemoración del asesinato del Zar Alejandro II en 1881, siendo las obras finalizadas a principios del siglo XX. Si por fuera impresiona gracias a sus extrañas cúpulas con forma de cebolla, las torres nada comunes en España y su situación en la orilla de un canal, en el interior guarda un gran tesoro: las paredes y los techos están decorados con bellos mosaicos de pequeñas piedras semipreciosas.
Un monumento que ningún visitante debe perderse es la catedral de Kazán, realizado a semejanza del Vaticano católico. Para completar el tour os sugerimos un paseo en barco por el río Neva (siempre y cuando no esté helado), acudir a la isla Vasilevski que goza de unas vistas magníficas del golfo de Finlandia, adentrarse en el acorazado Aurora (a su señal se produjo el asalto al Palacio de Invierno en 1917 por parte de los soviets)  donde ahora se encuentra un museo, apreciar algo del folclore y ballet ruso o acudir a alguno de los palacios zaristas que se encuentran a las afueras de la ciudad –en Pushkin- como por ejemplo el palacio de Pavlosky con sus inmensos jardines o el Palacio de Catalina  – en ambos casos se tratan de residencias veraniegas de los zares, siendo la segunda sea más bella que la primera-.

Con esto damos por finalizada nuestra visita a San Petersburgo. Para trasladarse hasta la capital existen dos formas de cubrir los 650 kilómetros que separan las dos ciudades: en avión o en tren. Si bien el avión es más cómodo, también es más caro y el tiempo que se gana en el trayecto se pierde en colas de embarque, facturación y recogida de equipaje. El tren ofrece dos alternativas: viajar de día, alrededor de cuatro horas de trayecto,  o hacerlo durante toda la noche en trenes con vagones-dormitorios para dos o cuatro personas.

Llegamos a Moscú, la capital de Rusia. El principal punto de interés en esta gran ciudad (tanto de extensión como de población, cuenta con más de diez millones de habitantes) es el Kremlin. Como ya dijimos de San Petersburgo, la ciudad moscovita es una gran urbe moderna, segura y admirable. Nombrada en varias ocasiones como la ciudad más cara del mundo, sorprende adentrarse en uno de los principales centros comerciales y ver como el precio de la ropa se escapa de los bolsillos del común de los mortales. La ciudad está organizada en anillos concéntricos facilitando la orientación.

 

Para visitar Moscú hay que estar preparado para caminar, y disfrutar de lo que vas viendo allí. En verano no hay que temer por el frío (dependiendo del año, es posible ir en manga corta o necesitar una chaqueta) por lo que el viaje resulta agradable. Empezaremos con la visita al Kremlin, corazón de la ciudad. La fortaleza amurallada guarda en su interior varios edificios religiosos y políticos. El origen de esta construcción data de siglo XII cuando el tamaño de Moscú apenas era una parte de lo que hoy es el Kremlin. Con el paso de los años y de los ataques de tártaros o mongoles, las murallas se fueron reforzando: pasaron de ser de roble a ser de piedra blanca, para finalmente acabar construidas con ladrillos rojos en el siglo XV. Desde entonces la fortificación cuenta con veinte torres, de las cuales cuatro son puntos de acceso al recinto. Durante la época comunista algunas de las torres más altas fueron coronadas con unas estrellas de rubí.
Dentro del Kremlin nos encontramos con edificios de distintas épocas. El más moderno, el Palacio de los Congresos, fue erigido en 1961 y en su interior alberga conciertos y salas para recepciones y conferencias. El edificio más emblemático es la catedral de la Asunción (s.XV), de piedra blanca, donde se coronaban los antiguos zares rusos. Junto a ella nos encontramos la  catedral de la Anunciación y la de San Miguel Arcángel, la iglesia del Manto de la Virgen y el campanario de Iván el Grande. En cuanto a los edificios administrativos destaca el palacio del Senado, el Arsenal y el majestuoso Gran Palacio del Kremlin, residencia del primer ministro ruso.

Existen dos objetos dentro de la espléndida fortificación que nadie debe perderse: el Cañón del zar y la Campana zarina, dos muestras de la magnitud del poder zarista. Ambas piezas fundidas en bronce presentan un tamaño descomunal. Nos encontramos ante la campana más grande del mundo (nunca se utilizó) aunque está resquebrajada a causa de un incendio. El cañón tampoco disparó jamás.

Del centro de poder político pasamos a un lugar con importancia militar, religiosa y propagandística, ya que allí se celebraban (y celebran) los grandes desfiles del ejército soviético. Como habréis adivinado, hablamos de la Plaza Roja. Situada a lo largo del muro este del Kremlin, con una extensión de 695 metros de largo por 130 de ancho, la adoquinada plaza está flanqueada por el mausoleo de Lenin, el museo de Historia (construido en el siglo XIX) y el edifico de los Grandes Almacenes Estatales (un centro comercial que cuenta con alguna de las marcas más prestigiosas). Hay que destacar también la puerta de la Resurrección en uno de los extremos de la zona. Al contemplar la inmensa plaza uno puede sentir la Historia, trasladarse a los años soviéticos, o más atrás incluso, hasta el siglo XVI que es cuando Iván el Terrible mandó construir la Catedral de San Basilio. Probablemente el Zar ruso no se imaginó que el edificio levantado sería el símbolo del país más grande del mundo incluso cinco siglos después (según la leyenda, mandó cegar a sus arquitectos para que no fuesen capaces de construir algo más bello). San Basilio es a Rusia lo que la Tour Eiffel a Francia, o el Coliseo para Italia. Sus características cúpulas y las formas geométricas (semejantes al templo que hay en San Petersburgo) desprenden una belleza y serenidad inimaginable hasta que no te encuentras a sus pies. Por dentro la catedral es aún más sorprendente ya que tiene diez modestas capillas repartidas a lo largo de sinuosos pasillos.
Antes de abandonar esta zona conviene visitar el monumento al soldado desconocido que se sitúa en los jardines de Alejandro, a los pies de las murallas del Kremlin

Nos alejamos un poco del epicentro para conocer la calle Arbat, una de las vías más animadas en la que se pueden comprar los típicos souvenirs o descansar en alguno de los cafés. En la plaza Arbat se encuentra la entrada a la galería de arte ruso Tretiakov, para aquellos amantes de la pintura.

Para ir terminando esta pequeña guía de viaje os recomendamos dos visitas imprescindibles: el metro, y la vista de los rascacielos de Stalin.
Los edificios, mandados construir por el dictador comunista Joseph Stalin, marcan el skyline del centro de Moscú (ahora se han construido edificios mucho más altos en la zona destinada a los negocios, lejos del centro). Hasta siete edificios que mezclan el estilo gótico y barroco ruso coronados por una aguja brillante con la estrella de cinco puntas, que en la actualidad destinados a diferentes usos entre los que destacan dos hoteles, el Ministerio de Asuntos Exteriores y la Universidad.
Por su parte, la visita al metro de Moscú prenderá a todo aquel turista despistado. Estamos ante una de las vías subterráneas más sorprendentes de todo el mundo, inaugurada en 1935 y que cuenta con más de un ciento cincuenta estaciones. Muchas de estas paradas están adornadas con mármoles, mosaicos, estatuas, arcos y vitrinas. Esto se debe a que la cúpula comunista quiso recrear la opulencia de los palacios para que todo el pueblo de Moscú pudiese disfrutarlo.

En Moscú, como en cualquiera de las grandes ciudades mundiales, los centros culturales, monumentos y sitios de interés se cuentan por decenas. Desde Viajando alrededor del mundo os hemos descrito las principales visitas (habría que incluir la Catedral de Cristo Salvador de Moscú, un paseo por el río Moscova, el museo Pushkin o el famoso teatro Bolshoi), pero la inmensa capital de Rusia hay que descubrirla paso a paso, calle a calle. Para aquellos que viajen muchos días, otra alternativa es visitar el “anillo de oro”, los pueblos situados cerca de Moscú que ofrecen mucho arte eclesiástico y construcciones de madera.

Rusia es un país por descubrir, merece la pena conocer sus lugares y sus gentes. Un Estado moderno que, tras la caída de la Unión Soviética, ha sabido adaptarse y entrar con muy buen pie en el siglo XXI. Aún así se pueden observar residuos del pasado que confieren una atmósfera más especial a la visita. Un viaje que quedará para siempre en vuestra memoria y que dejará anécdotas curiosas e impactantes.

 

Información útil

 

Fuentes: elaboración propia, sanpetersburgo.com, viajeros.com
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11 comentarios en “Rusia: la maravilla de los zares”

  1. Y pensar que estuve a puntito, a puntito de ir… y a una boda ni más ni menos! Me quedé con las ganas…pero al final no se casaron en el último momento! xDD
    Tengo ganas…aunque seguro que se pasa frio!

    1. ¡Ayyyyy! lo que te perdiste. Allí además te puedes encontrar muchas parejas paseando antes de la boda. Es costumbre, vestidos de novios, hacerse fotos en los lugares más importantes de la ciudad, rodeados de sus amigos y recorriendo las capitales en limusina.
      Por el frio no te preocupes, en verano la temperatura es agradable. Eso si, ¡en invierno se hielan hasta los grandes ríos!

  2. Creo que aunque vivas en Moscú o en San Petersburgo, nunca llegarás a descubrir todos los secretos que esconden estas ciudades… yo andaba obsesionada con ir a las dos porque siempre he querido conocer la Plaza Roja (muy típico, lo sé xD) y el Hermitage, pero ahora voy a necesitar muchos días para ver lo que nos has explicado… y dinero, claro.
    Pensándolo fríamente, reconozco que Rusia se merece organizar el mundial de 2018, aunque las distancias entre estadio y estadio van a ser enormes (unos 3000 km), aunque eso no será un impedimento para el país más grande del mundo.

    1. ¡Necesitarás dinero como quieras comprarte algo de ropa chula!
      A mi personalmente es el viaje que más me ha sorprendido. No esperaba encontrarme gran cosa, y cuando llegas y ves lo que hay te quedas maravillado.
      A ver cómo organizan el Mundial, pero capacidad tienen de sobra.

  3. berlin y moscu son mis dos objetivos siempr eme han llamado mucho la atencion! aunque vi un reportaje de moscu de niños esnifando pegamento en el mismo centro de la ciudad que daba miedito jaja

    1. Lo más flipante que he visto yo en Rusia, en concreto en San Petersburgo, fue como en medio de una de las arterias principales de la ciudad tiraban a un tio de un coche en marcha, pararon el vehículo y le metieron un par de patadas. Dejaron al tio tirado en la carretera, arrancaron y se piraron. Acojonante.

  4. Hola, me gustaría ir algun dia a Rusia, ya que me gusta viajar, pero me han comentado de que hay muchos robos por esa zona, y no se si es un sitio para mi, merece la pena?
    PD: me gustó tu artículo.

    1. Yo te le recomiendo. Es verdad que puede haber robos (a nosotros nos intentaron robar el bolso, un par de jóvenes en un restaurante, por suerte les pillamos infraganti y se largaron), pero al igual que en todas las grandes ciudades turísticas. Mi recomendación es que vigiles bien tus pertenencias, y que los documentos importantes o bien los dejes en el hotel o los lleves muy cerca de ti, a buen recaudo.

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